El día había comenzado mal para Cesar pues la noche anterior se había atragantado con la exquisita cena que su madre le había preparado por llevar diez días sin probar ni una gota de refresco, pero desde las tres de la mañana comenzaron los estragos, idas al baño para vaciar de distintas formas los manjares degustados pocas horas antes, vómitos incesantes y diarreas más eufóricas que un carnaval fueron los causantes del desastre. Con todo eso, Cesar pudo conciliar el sueño después de las seis de la mañana, pero no olvidaba que debía levantarse temprano pues en su agenda figuraba ni más ni menos, una consulta con el galeno de la mente, el albañil de los problemas intrapersonales, el loquero.
Su madre tocó la puerta de su cuarto en demasiadas ocasiones que bastaron para desmoronar el sueño en el que se encontraba. Con la sensación de pesadez y fatiga se levantó de su cama, prendió el boiler del baño y entró en la ducha, el agua sólo sirvió para remojar su malestar; hasta que empezaba a sentirse adecuadamente de nueva cuenta su estómago le jugó en su contra, ocasionando que se saliera de las regaderas para irse a aplastar en la tasa del baño, el procedimiento ya era tan mecánico que el sólo esperaba que todo el desecho fluyera hasta la última gota, la parte más mala venía al momento de limpiarse pues su trasero ya estaba bastante rosado, y le ardía cuando restregaba el papel para limpiarse de su cochinada.
Ya afuera del baño y de nueva cuenta vacío, se cambió y bajó a la cocina, no quería contarle a su madre de sus problemas estomacales, aunque sus conversaciones con el inodoro la noche anterior hubieran sido escuchadas por los vecinos, pero la razón que lo inhibía para contarle a su madre era que ésta tendía asociar cualquier problema estomacal que se presentara al sobre peso de Cesar. Recordaba la última vez que le contó que tenía diarrea, su madre le prohibió comer pan de dulce y choco milk durante una semana, él por su puesto no aguantó y terminó cediendo a los tres días pues se bebió todo un litro del chocolate líquido Hershey´s, lo que acabó por agudizar su diarrea y mantenerlo internado cuatro días, bebiendo únicamente suero oral.
En la cocina su madre lo cuestionó por el ruido que había ocasionado en el baño, y el sólo se limitó a decir que eran las malditas flemas las que no lo dejaron dormir y tenía que ir a expulsarlas, de otro modo tendría que tragarse todo eso. La explicación pareció surtir efecto pues su madre no dijo más y le ordenó que desayunara rápido porque la cita era a las once de la mañana y sólo faltaba media hora, y él ni siquiera había salido de su hogar.
Cesar se preparó, tomó su jugo de naranja bastante ácido y cada trago que daba era como picar con alfileres su estómago, en su mente el pensamiento constante era “maldito estómago, yo te jodí ayer, y ahora tú me jodes hoy, a huevo la ley del talión”. Salió de su cocina para ir por su bicicleta, se cercioró de que llevara todo y salió de su casa buscando una cita más con el psicólogo.
Recorría bastante rápido las calles, pero a pesar de todo se mantenía en calma, con sus audífonos puestos escuchaba los ritmos atronadores y las melodías alucinantes que solo Judas Priest le podía brindar, pretendía no centrar su pensamiento en la cita, pues los encuentros con el loquero no eran la cosa más deseable para gastar un día, ya que la mayoría de veces Cesar terminaba triste y expulsando el llanto por una sola razón, su sobrepeso y su inexistente fuerza de voluntad para bajar kilogramos.
Justo cuando terminaba de tararear él último verso de Breaking the law y el éxtasis se apoderaba de él, pasó lo inimaginable, una ancianita de pelo canoso y de lentes de fondo de botella se había cruzado en su camino y ahora era casi inevitable esquivarla por lo que rápidamente pensó: o era el bienestar de la anciana o el de suyo, o incluso posiblemente el de ninguno. La elección fue la más equitativa: el daño para todos.
La caída fue fuerte, Cesar cayó boca abajo y su Ipod salió volando, la anciana fue atropellada por las delgadas pero macizas llantas de la bicicleta y por si fuera poco se golpeó la nariz con el manubrio al momento de caer y sangraba lentamente, su bolsita de pan se rompió y sus bolillos yacían aplastados y desperdigados por la calle, y ni hablar de sus lentes que estaban completamente estrellados.
Cesar se levantó bastante adolorido, buscaba su Ipod hasta que lo encontró cerca de una alcantarilla pero con la pantalla estrellada, mientras tanto la gente se amontonaba para ayudar a la viejecita que no se levantaba pero sobre todo causaba una fuerte impresión, pues la sangre seguía emanando de sus fosas nasales y su boca se veía bastante inflamada, a los ojos de cualquier mortal no parecía que una bicicleta la hubiera arrollado sino un automóvil o alguna otra máquina de poder notable.
Una señora de aproximadamente cuarenta años llegó y auxilió a la viejecita, le preguntó si se encontraba bien y para cerciorarse de eso le preguntó su nombre y edad, Jahaira era el nombre de la anciana y tenía 68 años, viendo que estaba bien mentalmente le preguntó que le había sucedido, a lo que instantáneamente Jahaira contestó que el joven de la bicicleta la había atropellado, la señora se dirigió inmediatamente hacía Cesar y le reclamó de distintas maneras el haber sido un inconsciente y no fijarse que la anciana estaba cruzando la calle, Cesar se defendió argumentando que la anciana era la inconsciente pues se detuvo en la calle sin fijarse que él iba transitando. La señora no se aguantó las ganas y le propino una bofetada y dos bolsazos que le dolieron bastante, pues la señora siempre guardaba una piedra en ella para ocasiones de emergencia o incluso ahora, para esas veces en las que supuestamente un despreocupado conductor atropella a una viejecita.
Una señora de aproximadamente cuarenta años llegó y auxilió a la viejecita, le preguntó si se encontraba bien y para cerciorarse de eso le preguntó su nombre y edad, Jahaira era el nombre de la anciana y tenía 68 años, viendo que estaba bien mentalmente le preguntó que le había sucedido, a lo que instantáneamente Jahaira contestó que el joven de la bicicleta la había atropellado, la señora se dirigió inmediatamente hacía Cesar y le reclamó de distintas maneras el haber sido un inconsciente y no fijarse que la anciana estaba cruzando la calle, Cesar se defendió argumentando que la anciana era la inconsciente pues se detuvo en la calle sin fijarse que él iba transitando. La señora no se aguantó las ganas y le propino una bofetada y dos bolsazos que le dolieron bastante, pues la señora siempre guardaba una piedra en ella para ocasiones de emergencia o incluso ahora, para esas veces en las que supuestamente un despreocupado conductor atropella a una viejecita.
Una señora que atendía una tienda justo enfrente de donde fue el percance de Cesar, llamó a la ambulancia al ver que Jahaira no recuperaba el sentido, la falta de cordura era tan notoria que ahora repetía las mismas frases sólo que acompañadas por la melodía incesante del llanto.
Ahora Cesar dolido por el golpe en la bicicleta y por los golpes de los paladines de la senectud, tuvo que enfrentar los gritos de una niña de seis años que exigía más respeto para los ancianos y que seguramente nunca en su vida le había gritado a alguien, pero que pese a su nula experiencia estaba logrando un debut sorprendente.
A los quince minutos llegó la ambulancia seguida de una patrulla, los paramédicos se bajaron y subieron a la camilla a la anciana, le colocaron un collarín y sujetador para su cabeza, entre tres personas la subieron a la ambulancia. La patrulla se encargó de preguntar qué había sucedido y cómo había sucedido, las lenguas de los supuestos testigos hirvieron en palabras hirientes y condenas injustas hacía Cesar, muchos dijeron que el muchacho iba tomado, otros argumentaron que el muchacho lo había hecho a propósito, y no faltó quien dijera que el joven quería abusar de la anciana pero que gracias a los esfuerzos de ésta, sólo terminó en un accidente vial.
La policía se fue en busca de Cesar que ahora, era sujetado por dos señores de gran altura y complexión robusta, lo interrogaron fuertemente pero el joven contestaba que él no era culpable, ni iba tomado y que mucho menos pensaba abusar de la anciana, la policía no le creyó y lo esposó, parecía que la distracción de ambos de Cesar y de Jahaira terminaría con Cesar encarcelado durante más de 15 años pagando el delito de “abuso contra personas de la tercera edad”, entre insultos de la demás gente Cesar estaba siendo metido en la patrulla. Hasta que llegó a los oficiales, una muchacha aparentemente de la misma edad que Cesar, con la versión argumentando la versión de que la anciana había sido la distraída pues no se fijó al atravesar la calle y posteriormente se le cayó un bolillo y se quedó ahí tratando de agarrarlo, por lo que no advirtió cuando Cesar venía metros antes de ella, y en efecto así había sido. El problema era que Cesar tampoco lo recordaba pues él iba concentrado en la música de su Ipod y jamás prestó atención a las acciones de la anciana hasta que se la topó de frente, por lo que la declaración de la muchacha hasta a él lo tomó por sorpresa y no sabía qué decir.
Los oficiales escucharon a la jovencita y se dejaron convencer, aunque no por los motivos que ésta dio, sino porque su físico era bastante agradable y no querían quedarle mal, por lo que terminaron por hacerle caso. Un agente sacó a Cesar de la patrulla y lo despojó de las esposas, aunque no faltaron las clásicas amenazas, advirtiéndole que si era visto de nuevo por ahí acechando a una anciana sería aprehendido sin derecho a cuestionar. La ambulancia se fue, a pesar de todo la anciana estaba fuera de peligro y se cree que recobró el control y el sentido ahí mismo.
Cesar le agradeció a la chica que lo hubiera salvado a pesar de todo lo que había pasado, ella le dijo que no tenía nada de que agradecer, que ella había visto todo y que en verdad la anciana tuvo la culpa, después de todo el día para Cesar se recomponía, pues no daba crédito de que una hermosa joven le salvara el pellejo, aprovechó para pedirle el teléfono y su correo, ésta se lo proporcionó alegremente y se fue.
Cesar agarró su bicicleta maltrecha y se dirigió rumbo a su casa, ya había pasado tres horas desde que comenzó todo. El hambre se había apoderado de él pero no tenía dinero, hasta que alcanzó a divisar el bolillo por el cual la señora se había parado, estaba intacto a pesar de la aglomeración de la gente y todo el zafarrancho, ya había cruzado la calle por lo que se decidió regresar para comerse el pan que nadie había visto, fue tanta su hambre que cruzó sin darse cuenta que venía un motociclista a buena velocidad, caminó y justo cuando iba llegar a donde estaba el bolillo el motociclista lo atropelló.
Fin
P.D: Hay una anécdota con este relato, si bien no es graciosa por lo menos es curiosa, en su momento la contaré, ya que haya pasado algo de tiempo y tenga la cabeza fría.
Ahora el próximo Jueves a Guanajuato al Cervantino
A ver que cosas nos depara.

No bien te digo Dn Bolillo Maldito... además un tanto ignorante (no es con el afan de ofender) No es Goméz Bolaños, es solo Bolaño!
ResponderEliminarSin la "S"
¬¬ Te golpeare jajaja
siiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!
ResponderEliminarsangre, , sangre, sangre, sangre
sangre!!!
sangre!!!
sangre!!!
jajajaja.... ups, no, pobre Josúe, jajaja
Bueno, ya, cambiando de tema, sigue escribiendo, chicuelo, sigue, sigue y como diria el comercial de las pilas... sigue...